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No
está demás decir, que uno no
se puede poner ningún repelente de
insectos por el olor que despiden, para esta
cacería a ras de piso la presa se alerta
enseguida. Al cabo de 1/2 hora ya estaba integrado
con la naturaleza. Me daba cuenta de esto
pues los pájaros, que se encontraban
en la mata donde estaba apostado, se comportaban
con naturalidad.
Ya
habrían pasado unas 2 horas desde que
me había apostado (el tiempo se hace
largo cuando uno está quieto) cuando
de pronto comencé a escuchar el ladrido
de los perros. Eran dos animales con experiencia
y una perra, que estaba saliendo a cazar y
se estaba formando con los otros animales
-que es el método que se utiliza: sacar
el cachorro para que aprenda por imitación
de los más experimentados-.
Tomando
en consideración que cuando este tipo
de perro ladra es porque ha descubierto a
la presa y que viene detrás de la misma.
Cuando
el sonido de los perros va acercándose
en nuestra dirección, estimula en el
cuerpo humano una generación de adrenalina
de importante magnitud y uno se prepara para
cazar....siguiendo esta secuencia lo que observé
fué que los dos perros salían
de la isla a unos 50 metros de donde yo estaba,
recorrieron fuera de la misma unos 20 o 30
metros frenaron su carrera, sin ladrar, volvieron
sobre sus pasos retornando por donde habían
salido. Comenzaron otra vez los ladridos y
se iban alejando a la par del ruido de la
hojarasca, que se encuentra en la isla y que
produce la misma al ser pisada, hasta que
desaparecieron por completo.
Fue
una gran sorpresa para mí que los perros
hubieran salido sin ningún animal por
delante.
Habrán
pasado unos 30 minutos cuando en la quietud
del ambiente escuché el ruido de la
hojarasca. Y a unos 70 metros de donde yo
estaba salía de la isla un jabalí
bastante tranquilo y comenzó a desplazarse
en dirección lateral (hacia la izquierda).
Me apresté con el arma y esperé.
En
estos casos, si se trata de una piara y uno
le tira al primer animal que aparece los demás
retroceden y se pierde la oportunidad de batir
más de un animal. En esa ocasión
se trató de un solo jabalí macho
y al ver que no salía ningún
otro animal, efectué el disparo.
El
animal cayó y seguí en la posición
de apostado. Unos 20 minutos más tarde,
apróximadamente, comencé a escuchar
ladridos de la perra que se acercaban en dirección
hacia donde yo estaba, pero no llegué
a verla (la perra no salió de la isla)
y ladrando se iba alejando hasta que resultó
inaudible. A unos 15 minutos de haberse producido
este hecho volví a sentir el ruído
de la hojarasca y con gran sorpresa a unos
50 metros de donde yo estaba, al encarar el
rifle ví dentro de la mira telescópica
un puma saliendo de la isla.
En
ese momento, rápidamente tuve que acomodar
las ideas en la cabeza pues en ningún
momento la gente del lugar había hecho
algún comentario sobre la existencia
de pumas en esa zona. Pasada la sorpresa apunté
al codillo izquierdo del animal, ya que se
encontraba en esa dirección (no estaba
totalmente de perfil, sino 3/4 de perfil de
frente saliendo del monte "sucio"),
efectué el disparo y ví que
el animal pegó un salto y con la elegancia
propia del felino cayó parado y volvió
a introducirse en la isla como si nada hubiera
pasado.
Respetando
las reglas que se acuerdan en este tipo de
cacerías, donde una de ellas es que
uno no debe moverse del lugar original en
donde quedó apostado y los demás
integrantes de este tipo de batida toman la
referencia en donde uno está, y teniendo
en consideración que la gente que hace
la batida, también está armada,
por seguridad no se cambian las ubicaciones
hasta que se termina la batida, que en este
caso fue el recorrido total de la isla que
comenzó desde mi margen derecha hacia
mi margen izquierda.
Producida
la salida de los dos compañeros de
caza con los perros del lado izquierdo de
la isla, me comuniqué mediante silbidos
y algún grito que otro de emoción
indicándoles que se acercaran donde
yo estaba. Muy contentos en el encuentro porque
fuimos a ver el jabalí que había
cazado y nos encontramos con un animal de
características medianas de unos 70
kg y después les conté la experiencia
con el puma.
El
relato parecía producto de la imaginación:
le pegué a un puma y mágicamente
había desaparecido. Contado esto a
un amigo con experiencia me dijo: "si
el puma saltó es que le pegaste".
Acto seguido fuímos al lugar donde
se habría producido el impacto y encontramos
manchas de sangre que aseveraban lo comentado
por mi amigo.
Seguido
de esto, y tomando las precaciones de que
nos encontrábamos en situación
de un animal herido de estas características,
le dimos la orden a los perros de buscar.
Estos se introdujeron a la isla y detrás
de ellos nosotros. Con las armas prestas,
y luego de haber andado entre 15 y 20 metros,
nos encontramos con el puma, muerto, recostado
en la base de un árbol. Grande fué
la alegría y festejo por ser mi primer
trofeo de estas características, ya
que antes había hecho cacería
de puma pero con trampa.

Historia
del Puma
Al
llegar al casco de la estancia, donde cuereé
al animal, el comentario de los puesteros
de la misma fue que ese animal hacía
meses que les venía dando dolores de
cabeza depredando ovejas y potrillos. A pesar
que le venían colocando trampas, el
animal se iba trasladando de una isla a otra
y no lo habían podido cazar; sobre
todo porque el puma es muy limpio en satisfacer
sus comidas diarias, solo come lo que caza
y no come carroña.
Participando
estos puesteros de la cuereada del jabalí
y del puma, uno de ellos me pidió autorización
para que al día siguiente se hiciera
un asado de puma.
Y
así fué: después de hacer
una incursión de pesca, al llegar al
mediodía a la estancia me encontré
con un costillar de puma al asador que resultó
toda una exquisitez pues se trataba de un
animal de importante desarrollo y prestancia
pero joven. En general, los grandes trofeos
son animales muy experimentados, por lo tanto
suman varios años de vida y se torna
muy fibrosa su carne.
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