Armas
de los Pioneros en el África
Ganyana
[Zimbabwe/África]
African
Hunter Magazine
Ganyana
es un fanático de las armas y la balística,
y dedicado en forma active en la industria
de la caza en Zimbabwe. Sus años pasados
en el campo, tanto como investigador y administrador
de fauna y cazador, dio por resultante que
se convirtiera en un coleccionista de una
amplia variedad de armas antiguas, muchas
de ellas con un origen histórico valioso
y confirmado.

De
derecha a izquierda: De pie - T. Casperethus,
Desconocido, Desconocido. Sentado: P. Brindell,
E. Heath, Fritz Buske, John Buske. (Estos
cuatro hombres rescataron al niño de
la Sra. Williamson durante la rebelión)
1896
Armas
de izquierda a derecha: De pie - Martini Henry,
"Elephant Gun-Fusil para Elefantes"
de percusión, Winchester Modelo 86,
apoyado: Fusil Doble Martín, Fusil
doble del Cabo -Cape Double- (del lado izquierdo:
fusil, del lado derecho: escopeta)
En esta época caracterizada por fusiles
de alto poder, de cartuchos magnum de trayectoria
extremadamente rasante, de la caza de búfalos
con un solo disparo de un arma con la energía
de un pequeño cañón,
etc, resulta interesante conocer el pasado
leyendo los libros de historia y observar
en qué medida nuestros ancestros tenían
éxito.
Por
supuesto que los primeros cazadores que llegaron
a este territorio (África) estaban
armados con un amplio surtido de fusiles y
armas de percusión (aunque muchos también
trajeron antiguos fusiles de chispa como armas
“de repuesto” para su propio uso
o para la gente que contrataban para trabajar).
Generalmente, los rifles eran de calibre relativamente
pequeño, tanto mosquetes militares
(en calibres .577 y .720 pulgadas) o fusiles
de uso civil de 8, 10 y 12 calibres o “bores”
a la vez que una gran cantidad de fusiles
de ánima lisa de cañón
único de 6 y 4 “bore” para
la caza de animales peligrosos.
Los
fusiles, generalmente se cargaban con proyectiles
cónicos, mientras que los de ánima
lisa disparaban proyectiles esféricos.
Excepto para el rinoceronte y el elefante,
los “pequeños fusiles”
resultaban muy adecuados para todo tipo de
animales, resultando abatidos, frecuentemente,
con un solo disparo. Para los animales mayores,
se confiaba en el peso del proyectil de plomo
para asegurar al animal. El cazador debía,
invariablemente, comenzar con su rifle y luego
confiar en los de ánima lisa para disparos
subsiguientes, ya los fusiles de avancarga
resultaban demasiado lentos de cargar.
Con los fusiles de anima lisa, cualquier cosa
que se encontrara más allá de
los 20 metros resultaba ser un “tiro
largo” y más allá de los
30 metros, aproximadamente, el tirador no
podía estar realmente seguro de impactar
un elefante con un arma con una carga “liviana”.
Selous,
comenta, sin embargo, que su antiguo “Fusil
para Elefantes” de calibre 4, con un
proyectil esférico de plomo endurecido
de 1700 grains, cargado con una buena cantidad
de pólvora negra, tenía mejor
penetración que la mayoría de
los primeros fusiles de cartucho. Era esta
gran capacidad de penetración, junto
con un razonablemente gran canal de herida
lo que matenía vigentes a los grandes
fusiles de ánima lisa vigentes para
la caza de elefantes hasta la década
de 1880. Ninguno de los primeros fusiles tenía
suficiente penetración, aunque para
los disparos frontales al cerebro de los elefantes
esto recién se logró con la
introducción del 7mm Mauser y del Mk
II con munición .303 en 1890.
Pero,
dejando de lado al elefante y al rinoceronte…¿Cuáles
eran los rifles preferidos y que tan precisos
resultaban ser? Los rifles usados por los
primeros cazadores invariablemente disparaban
alguna variante de proyectil de forma cónica,
ya que los proyectiles esféricos habían
sido reemplazados por ellos en el ámbito
militar alrededor de la década de 1850
y en los ambientes de caza africanos mucho
tiempo antes. Aparte de demandar casi 1 minuto
para su carga, las armas de un solo cañón
eran razonablemente precisas, capaces de agrupar
todos los disparos en un radio de 6 pulgadas
a 100 yardas, residiendo su mayor inconveniente
en sus aparatos de puntería.
Los
aparatos de puntería de estas antiguas
armas eran claramente rudimentarios según
los stándares actuales con puntos o
guiones redondeados o voluminosos y alzas
muy pequeñas. Para empeorar las cosas,
muy pocas de las armas económicas estaban
reguladas apropiadamente y muchas de ellas
agrupaban bien pero alejadas de la línea
de visual o puntería. Las armas de
mejor calidad incorporaban alzas de hoja,
de gran tamaño y sin entalladura, por
lo cual el cazador podía, mediante
una lima de forma triangular, calar sobre
ella una “V” en el lugar apropiado,
con la profundidad deseada sobre las diferentes
hojas o tablones del alza para lograr que
se ajustara a sus diferentes cargas. La lentitud
de carga, sin embargo, determinó que
muchos cazadores prefirieran los rifles de
cañón doble o “dobles”
para desarrollar su actividad (y/o llevaban
varios fusiles previamente cargados).
Hacer
que un fusil doble de avancarga agrupe los
impactos de ambos cañones en el mismo
sitio resulta ser aún más difícil
que regular un arma similar de retrocarga,
y todo esto requería un método
de carga extremadamente cuidadoso para lograr
una buena agrupación.

Toscos aparatos de puntería militares
sobre un Martini

Miras de buena calidad sobre un H&H

Alza ortóptica sobre un antiguo Mauser
En
consecuencia, no resulta sorprendente que
la mayoría de los cazadores de bajos
recursos, particularmente los Boers, llevaran
“Rifles del Cabo”, provistos de
un cañón estriado y otro de
ánima lisa. Para la caza normal, el
cañón “de escopeta”
se cargaba con “loopers” (tres
o cuatro esferas prácticamente del
diámetro del calibre. Esta fue una
fórmula bien probada y efectiva usada
por los “Voortrekkers” para la
mayoría de sus cacerías hasta
1880).
En
la medida en que el cazador estuviese razonablemente
cerca de la presa, esta carga de postas ultra-pesadas
era muy efectiva, y los cazadores de esa época
eran capaces de acertar a una distancia de
20 o 30 yardas, inclusive cazando de a caballo
para acercarse mejor al animal. El disparo
con el cañón de ánima
lisa, invariablemente, se usaba primero, mientras
que el cañón estriado se reservaba
para un segundo disparo en caso de ser necesario.
Sin
embargo, cuando se pone todo en consideración,
el éxito de los cazadores en la época
de la avancarga consistía en estar
lo más próximo posible a la
presa. Excepto para aquellos tiradores expertos
munidos de un fusil de alta calidad, cualquier
cosa más allá de las 50 yardas
resultaba ser “un tiro largo”
con grandes posibilidades de herir más
que matar.
La
llegada de la retrocarga a partir de 1870
cambió los escenarios de caza. Los
fusiles Zinder y Martini-Henry podían
disparar 10 tiros por minuto en las armas
de un tirador hábil, y los Rifles del
Cabo rápidamente de convirtieron en
las herramientas de una clase social que practicaba
la caza más por deporte que para vivir.
El problema de la precisión aún
contenía ciertos interrogantes interesantes.
Todos
los fusiles Martini que he probado tanto con
munición original de fábrica
y con mis propias recargas, no han agrupado
bien con respecto a la línea de puntería
a las 100 yardas de distancia, y debieron
resultar adecuados para la caza de animales
de gran porte más allá de este
rango, siendo su gran limitación la
tosquedad de sus aparatos de puntería.
Las
carabinas eran otra historia, siendo una norma
las agrupaciones de hasta 12 pulgadas por
encima y a la derecha de la línea de
mira, y Baden-Powell comenta la pérdida
de un león un par de veces a distancias
aproximadamente de solamente, 40 yardas con
su carabina.
Las
he disparado y este comentario no me sorprende.
Todo esto, además, presuponiendo que
el fusil estaba limpio. El Martini (y en el
caso del Snider, era peor) la acumulación
de suciedad se producía con mucha rapidez
y con los primeros cartuchos la precisión
se empobrecía con cada uno de los disparos,
hasta que, al haber efectuado 7 u 8 tiros,
no era posible impactar una silueta del tamaño
de un hombre a 40 yardas.
Los
primeros fusiles deportivos, eran mejores,
ya que empleaban envolturas de papel encerado
sobre los proyectiles que ablandaban la acumulación
de suciedad y mantenían la precisión
durante algunos disparos más. Típicos
fusiles deportivos de buena calidad eran los
Farquerson con acción tipo “falling
block” fabricados por Gibbs, a los cuales
era tan adepto Selous. Estos fusiles del tipo
de acción mencionada, fabricados por
Gibbs, Rugby o Holland, tenían aparatos
de puntería adecuadadamente regulados
en fábrica para la carga recomendada.
Los fusiles deportivos más económicos
eran simplemente Martini-Henrys con acciones
más livianas pero con aparatos de puntería
que no resultaban mejores que sus contrapartidas
militares.
Los integrantes de una columna de pioneros
y la policía que los escoltaba estaban
armados con fusiles Martini-Henry, pero muchos
de ellos llevaban también sus propias
armas deportivas.
William
"Curio" Browne, un naturalista norteamericano
que trabajaba para un gran museo en los Estados
Unidos que acompañaba a los pioneros
tomó notas interesantes respecto de
los rifles y del grado de eficacia que tenían,
tanto durante la jornada como mientras recolectaba
especimenes. Su propio rifle Ballard tenía
miras ortópticas ajustables y las empleaba
con los animales más pequeños
hasta que se le agotaron las municiones. Para
los animales de mayor porte empleaba su Martini,
pero hace notar que probó varios hasta
encontrar uno que impactaba coincidentemente
con su línea de visual. Luego de que
le robaron su Martini, adquirió un
Martini-Enfield en calibre .303 y un Gibss
en calibre .450 Martini-Henry, pero la pequeña
carabina .303 disparaba tan lejos del lugar
adonde apuntaba que le resultaba completamente
inútil.

Armas
visibles de izquierda a derecha: (de pie)
Pete Ingram (el explorador Americano) con
un Winchester Modelo 92, un explorador africano
con un fusil doble del 12 “bore”,
el Capitán White con Farquerson. (de
rodillas) Cummings con una carabina .303 Martini.
Stocker con un Lee Metford, Moffat (Jnr) con
un Martini, Bain con un fusil Martini, Burnham
con un Winchester Modelo 92 y Gifford con
un Gibbs .461. Del grupo que constan en la
fotografía, Ingram, Bain y Barnham
fueron los tres exploradores que sobrevivieron
al “Desastre de la Patrulla de Shangani”
También adquirió un fusil Express
.500 de “máxima calidad”
pero descubrió que “El cañón
derecho disparaba a tres pies del lugar al
que apuntaba, mientras que el izquierdo disparaba
dos pies por encima” y se deshizo rápidamente
de él. El Coronel Frank Johnstone,
que comandaba la columna de pioneros, también
poseía un .450 Express, y las pruebas
recientes efectuadas con esta arma han mostrado
que más allá de los 50 pasos,
aproximadamente, los aparatos de puntería
ofrecían solamente una guía
orientativa adonde irían a impactar
los proyectiles.
La
otras marca popular de rifle entre los pioneros
fue, por supuesto, el Winchester. Los Modelos
73 en calibre .44-40 fueron provistos a la
policía a partir de 1893, mientras
que muchos hombres compraban en forma particular
a la versión más potente: el
Modelo 86, usualmente en calibres .40-70 o
.45-70 (el .44-40 era aplicable, básicamente,
como un calibre para defensa personal y para
animales no mayores al tamaño del impala
-Aepyceros melampus- a corta distancia). La
elección del gran fusil de Winchester
tenía mucho sentido para una persona
que necesitara un arma para defensa propia,
tanto contra seres humanos, leones y otros
animales, a la vez de ser útil para
cazar animales de la talla del kudu -Tragelaphus
strepsiceros- para alimentarse.

De
izquierda a derecha: 45-70 y 44-40 para los
rifles Winchester, .303 (Mk V military de
punta hueca), 7x57 Mauser, .450 No 2 Musker,
.461 Gibbs, .500 BP Express, .577/450 Martini-Henry
El
mayor problema residía en la provisión
de municiones. Si no era .450 Martini-Henry,
.44-40, o .303 no había otra disponible
en el país. Los comercios idóneos
que comercializaban una adecuada variedad
de municiones solamente comenzaron sus actividades
luego de 1897, y recién a partir de
entonces comenzaron a importarse los cartuchos
más comunes tales como el .40-70, el
Nro. 2 de Mosquete y el 7mm Mauser.
Cualquier
otra cosa debía ser adquirida directamente
bajo pedido desde Inglaterra o desde los Estados
Unidos con una demora en el embarque de 3
a 6 meses. De manera, que no resulta sorprendente
que la mayoría de los rifles deportivos
traídos al país estuvieran recamarados
en calibres militares.
Una
característica útil de la mayoría
de los cartuchos deportivos ingleses es que
estaban disponibles con una gran variedad
de tipos de proyectil del mismo peso (y en
consecuencia, impactaban todos en, aproximadamente,
el mismo lugar). Todos los proyectiles, incluyendo
los del Martini-Henry estaban envueltos en
papel hasta la introducción del .303,
y este encamisado de papel significaba que
el proyectil podía ser confeccionado
en plomo puro lo cual aseguraba una expansión
confiable aún a las modestas velocidades
brindadas por los cartuchos de la época.
También podían ser fundidos
en aleación dura y luego endurecidos
aún más mediante un tratamiento
térmico para obtener una mayor penetración.

Boca
de cañones de un calibre 6 (“6
bore”) y de un .450 Martini-Henry
La Fábrica
Los
cartuchos .450 Martini-Henry estaban cargados
con un proyectil relativamente blando de 480
grains que era ideal para animales de hasta
el tamaño de un kudu, pero se expandía
demasiado rápido en disparos a la paleta
en el caso del búfalo.
Los
cartuchos deportivos equivalentes, tales como
el Nro.2 de mosquete (No 2. Musket), el .450
Gibbs, y el .450 Express estaban provistos
de proyectiles más pesados, y endurecidos,
resultando adecuados para disparos al corazón
y a los pulmones para la caza de elefantes.
En
el otro extremo, la munición americana,
empleaba proyectiles de aleación relativamente
duros, lubricados, y la expansión la
lograban mediante la punta hueca. Los cartuchos
de este tipo tendían a ser livianos
para los calibre sen cuestión con una
mejora en su velocidad, pero reducían
significativamente la efectividad terminal,
y para agregar una complicación, cada
estilo de proyectil, usualmente, tenía
un peso diferente, siendo las de punta hueca
mucho más livianas que las sólidas.
Los
primeros proyectiles encamisados para el .303
y para el 7mm Mauser tenían mayor penetración
que los cartuchos antiguos pero carecían
en forma significativa de efectividad terminal
inclusive sobre animales pequeños.
De hecho, el cartucho .303 con su proyectil
de nariz redonda de 215 grains era tan poco
eficaz para el combate, que los militares
británicos adoptaron un proyectil de
punta hueca a mediados de la década
de 1890.
El
ultimo punto a considerar es que los principios
éticos de la caza no eran en ese entonces
semejantes a los actuales, y muchos animales
“se perdían” con poco o
ningún esfuerzo para determinar si
no se escapaban heridos. La fauna era abundante
y bastante salvaje. Los cartuchos eran económicos
y si un animal no era abatido en forma instantánea
de un disparo o, al menos, el lugar del impacto
no era el adecuado, muchos de los “cazadores”
simplemente los dejaban ir y buscaban otro
animal.
Este
estado de cosas finalizó abruptamente
con la epidemia de “rinderpest”
(ictericia hematúrica de los animales)
de 1895/96. Todos los antílopes comestibles
murieron de a millares y para el momento en
que retornó la paz en todo el territorio
en diciembre de 1896, quedaban muy pocos ejemplares.
El advenimiento del cartucho .303 y el fusil
Lee-Metford como arma reglamentaria para la
milicia en 1894, también dieron los
toques finales a la población de elefantes
y a fines de siglo solamente quedaban entre
dos y cuatro mil ejemplares, ocultos en la
región más inhóspita
del Valle del Zambeze y Lowveld…
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