[23-Noviembre-2004]
El
día después del desarme
Donde
yo vivo, nuestras casas son aún nuestros
castillos.
Nota
publicada en el Sunday Telegraph. Autor: Prof.
Joyce Lee Malcolm
Si
alguien ingresa a tu hogar en la mitad de
la noche puedes dar por sentado que no está
alli para inspeccionar tu medidor de gas.
Pero la ley británica actual insiste
que él tiene libertad para hacerlo.
Cuando, en la última Navidad, miles
de radioescuchas de la emisora Radio 4 Today
solicitaron una legislación que les
permitiera proteger sus hogares por cualquier
medio que resultase necesario, la propuesta
fue inmediatamente denunciada como "absurda,
brutal, impracticable y sangrienta en todo
sentido". Hasta no hace mucho esa "impracticable
y sangrienta" legislación era
la ley de la tierra. No había ninguna
necesidad de abandonar tu hogar, o escapar
de cualquier habitación dentro de ella.
La casa de un inglés era su refugio,
y, ciertamente, su castillo.
Pero
no más. En vez de permitir que la gente
tenga la capacidad y el derecho de protegerse
a sí misma, la respuesta de las autoridades
a la reciente serie de ataques brutales a
los habitantes de las viviendas ha sido aconsejarle
a la gente que coloque más cerraduras,
y en caso de una irrupción o intrusión
en sus hogares, retirarse a una habitación
segura -presumiblemente el baño- para
llamar a la policía. No les está
permitido esgrimir cualquier arma -no sólo
de fuego- para protegerse de la invasión
de uno o más intrusos. En consecuencia
alguien podría salir lastimado. Si
casualmente es el intruso el que resulta lastimado,
el propietario será demandado por el
ladrón y será enjuiciado por
el estado. Aplaudo de corazón la campaña
del periódico The Sunday Telegraph
para terminar con este lamentable estado de
situación.
Felizmente para los estadounidenses, el sentido
común aún prevalece en su país;
nuestras casas aún son nuestros castillos.
Los californianos, por ejemplo, están
autorizados a usar la fuerza para protegerse
a sí mismos y a su propiedad. La legislación
en Oklahoma que permite que el propietario
de una vivienda use la fuerza independientemente
de la gravedad de la amenaza ha reducido los
robos en un orden del 50% desde que esta reglamentación
fue aprobada hace unos 15 años atrás.
Lo
que la policía británica condena
como conducta de "vigilantes" ha
dado origen a una tasa de delitos en los Estados
Unidos que es el 50% de la tasa en Inglaterra.
Y mientras que el 53% de los robos en el Reino
Unido se producen cuando alguien se encuentra
dentro de su casa, solamente el 13% se lleva
a cabo en forma similar en los Estados Unidos,
en donde los delincuentes admiten temer más
a los ciudadanos armados dentro de sus casas
que a las propias fuerzas policiales. Comparativamente
los crímenes violentos en los Estados
Unidos se encuentran en el mismo nivel de
hace 30 años atrás.
¿En
qué se ha transformado el castillo
de los ciudadanos ingleses? El ciudadano inglés
no perdió el derecho y los medios para
protegerse a sí mismo en forma repentina.
Fue hecho gradualmente durante el transcurso
de 80 años de gobiernos que proclamaban
luchar contra el delito, pero que realmente
estaban más preocupados por levantamientos
y desórdenes sociales. Cuando comenzaron
esas políticas, los actos delictivos
era raros.
Durante
casi 500 años, hasta 1954, Inglaterra
y Gales disfrutaron de un índice decreciente
de delitos violentos. En los últimos
años del siglo 19, cuando no existían
restricciones sobre las armas, había
un homicidio con arma de fuego por año
entre una población de 30 millones
de personas.
En
1904 hubieron solamente cuatro robos a mano
armada en Londres, por entonces la ciudad
más grande del mundo.
La
eliminación del derecho a la defensa
propia comenzó con el Acta de Armas
de Fuego de Gran Bretaña en 1920 (Britain
1920 Firearms Act), la primera limitación
seria sobre las armas en propiedad de los
ciudadanos.
Fue
motivada por temor a una revolución
del tipo bolchevique más que por una
preocupación sobre los propietarios
de defenderse a sí mismos contra los
ladrones. Cualquiera que deseara tener un
arma de fuego debía obtener un certificado
del jefe de su policía local certificando
que era una persona adecuada como para ser
propietaria de un arma y que tenía
una razón justificada para ello. La
definición de "razón justificada",
era libre de ser interpretada a su antojo
por cualquier policía y fue gradualmente
acotada hasta que, en 1969, el Ministerio
del Interior decidió "que nunca
deberá ser necesario para alguien poseer
un arma de fuego para la protección
de su casa o de su persona". Desde que
estas reglamentaciones fueron establecidas,
hasta 1989 no hubo oportunidad de un debate
público.
La
defensa propia dentro del hogar también
fue legislada progresivamente en forma contraria.
En 1953 el Acta de Prevención contra
el Crimen (1953 Prevention of Crime Act) convirtió
en ilegal el transporte en un lugar público
de cualquier artículo "construído,
adaptado o con la intención" de
un propósito ofensivo "sin autorización
legal o una justificación razonable".
Cualquier artículo transportado para
defensa fue, por definición, convertido
en un "arma ofensiva".
La
policía tuvo amplio poder para detener
y revisar a cualquier persona. Los individuos
a los cuales se les encontraba "armas
ofensivas" eran considerados culpables
hasta que se probara su inocencia. El alcance
es tan amplio que un manual de estudio de
leyes explica que "cualquier artículo
o elemento es capaz de transformarse en un
arma ofensiva". Se le indicó a
la gente que la sociedad era la encargada
de proteger a las personas y a los ciudadanos.
Si veían que alguien estaba siendo
atacado debían continuar caminando
y dejar el trabajo para los profesionales.
Finalmente, en 1967, oculta dentro de una
revisión general de la ley criminal,
aprobada sin discusión, existió
una sección que alteró las normativas
tradicionales sobre la defensa propia.
Todo
iba a depender en lo que se estimaba como
fuerza "razonable" luego del hecho.
Nunca resultó verdaderamente razonable
defender la propiedad mediante el uso de la
fuerza. De acuerdo al Manual de Ley Criminal
los requisitos para que los esfuerzos de un
individuo de defenderse a sí mismos
sean "razonables", "ahora están
fijados en términos tan mitigados que
siembran duda si aún forman parte de
la ley". Una profesora de leyes encuentra
"impensable" que el "Parlamento
haya inadvertidamente dejado deslizar el antiguo
privilegio de la defensa propia. Si tal hubiese
sido el caso, habría sido debatido
y los miembros difícilmente lo hubieran
sancionado". Tenía confianza de
que el Parlamente rápidamente corrigiera
la situación: " En vista a lo
inadecuado de la ley en existencia existe
urgencia en tratar el tema". Esta frase
fue escrita hace 30 años, y la situación
ahora es infinitamente más urgente.
Al
mismo tiempo, mientras que el gobierno reclamaba
ser el único responsable de la protección
de los individuos, adoptaba una actitud más
indulgente hacia los delincuentes. Las sentencias
fueron reducidas drásticamente, eran
pocos los delincuentes cumplían más
de un tercio o la mitad de la condena y muchos
menos terminaban realmente en la cárcel.
Más aún, ellos debían
ser protegidos de sus víctimas. A Anthony
Martin, el granjero de Norfolk encarcelado
por matar a un ladrón y herir a otro,
le fué denegada la libertad bajo palabra
debido a que su persona implicaba un peligro
a otros ladrones. "No puede siquiera
ser sugerido", argumentaron los fiscales,
"esos ciudadanos dejaron de tener el
carácter de tales al cometer delitos
criminales", agregando que "una
sociedad no puede condonar su crimen o daño
absolutamente ilegal". Martin fué
condenado a cadena perpetua por defensa propia
a causa de este incidente en 1999.
Mientras tanto, en la mayor parte rural de
Gran Bretaña no existe presencia policial.
Y los estatutos orientados a proteger a la
gente se han vuelto en contra de los ciudadanos.
Entre los elementos por las cuales han sido
convictas personas que los portaban para defensa
personal se encuentran: una bolsa de arena,
un mango de pico, una piedra y un tarro con
pimienta.
Este
intercambio de derechos por la seguridad ha
sido desastrosa tanto para el derecho mismo
como para la seguridad, valga la redundancia.
El delito ha tenido una escalada impactante.
Un estudio de la ONU en el 2002 sobre 18 países
desarrollados coloca a Inglaterra y a Gales
en el tope entre los países con mayores
delitos del mundo occidental. Cinco años
después de la prohibición de
armas de puño en 1998, los delitos
con armas de puño se han duplicado.
Como se predijo en ese momento, el efecto
de declarar ilegales a las armas de puño
fue el de que solamente los delincuentes estuvieran
en poder de ellas.
Los
gobiernos recientes han percibido la necesidad
de evitar que el público se defienda
usando armas de juguete o de imitación.
En 1994, un ciudadano inglés, armado
con una pistola de juguete, logró detener
a dos ladrones que habían invadido
su casa a la vez que llamaba a la policía.
Cuando la policía llegó, arrestaron
al propietario de la casa por usar una imitación
de un arma para amenazar o intimidar. En un
incidente similar en 1995, cuando una mujer
de edad disparó una pistola de cebitas
para alejar a un grupo de jóvenes que
estaba amenazándola, fue arrestada
por sembrar el terror entre esos jóvenes.
Ahora la policía está presionando
al Parlamento para que se declaren ilegales
las armas de juguete que son imitaciones de
armas reales.
El
impacto sobre los ciudadanos respetuosos de
la ley ha sido severo. Sin forma alguna de
protegerse a sí mismos, millones de
ingleses viven sumidos en el temor de ser
agredidos o asaltados. Las personas mayores
de edad temen salir a la calle y permanecer
en ella. La defensa propia, escribió
William Blackstone un jurista del siglo 18,
es un "derecho natural que ningún
gobierno puede quitar a las personas, ya que
ningún gobierno puede proteger al individuo
en el instante de necesidad". El actual
Gobierno insiste en tener el monopolio en
el uso de la fuerza, pero puede solamente
imponerla sobre los ciudadanos respetuosos
de la ley pero no sobre los que delinquen.
Al eliminar prácticamente la defensa
propia, se ha quitado la mayor amenaza que
sufre el delito: la persona capaz de defenderse
a sí misma.
Joyce
Lee Malcolm es Profesor de Historia en el
Colegio -Bentley College- de Massachusetts,
y Consejero Senior Advisor, del Programa de
Estudios de Seguridad del Instituto de Tecnología
de Massachusetts -MIT- Security Studies Program.
Su libro, Guns and Violence (Armas y Violencia-
La Experiencia en Inglaterra), está
publicada por la editorial de la Universidad
de Harvard -Harvard University Press-.
Revista
DeporTiro
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