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Procedimiento que utilizo para alinear las miras telescópicas usando un colimador - Juan Moratto


En general, dispongo varias miras telescópicas para colocar en mis armas, tanto armas largas como armas cortas. Esto obedece al uso que le voy a dar a cada combinación de arma/cartucho. Cada mira dispone de un rango diferente de aumentos, tamaño de objetivo y, por supuesto, retículo. Con esta variedad el colimador es, para mí, un instrumento imprescindible.

Para poder aprovecharlo al máximo procedo inicialmente, a poner la mira en su centro óptico: giro ambas torretas hasta que hacen tope en un sentido, y luego las vuelvo a girar -contando la cantidad de clicks- hasta que vuelven a hacer tope en la dirección contraria. Luego divido la cantidad de clicks por 2 y giro ambas torretas a esa posición.

Este es el "centro mecánico" de la mira telescópica, es decir que elimino cualquier aberración posible causada por sus mecanismos internos -cuando giro ambas torretas la cantidad de clicks determinados lo hago desde su posición más baja a la más alta para asentar sus resortes internos de manera correcta, no a la inversa.

Luego, cuando preparo una recarga determinada elaboro dos tablas balísticas: una con puesta a cero a la distancia máxima efectiva ideal del calibre en cuestión (250 metros, 300 metros, etc.) y otra con el "point-blank" ideal para el fin que deseo aplicarla en la caza (por ejemplo una zona de impacto de 25 cm). Ambas tablas me ofrecen la información necesaria para ajustar las miras en forma precisa. Para confeccionarlas es necesario emplear un cronógrafo, sin él, el armado de las trayectorias reales es pura teoría.

Con ambas tablas ya conozco los diferentes puntos de intersección a las diferentes distancias en que coloco el blanco. Generalmente regulo mis aparatos de puntería a 50 metros, me resulta más expeditivo ya que no necesito usar mi catalejo, me resulta suficiente la mira telescópica para ver el impacto con claridad.

Coloco el colimador en el arma y ajusto las torretas hasta que interseccionan el centro de su retículo, la mira debe estar con sus máximos aumentos y nunca toco el enfoque ya que puedo alterar el paralaje.

Me dirijo al polígono y coloco el blanco a 50 metros. Efectúo un disparo y veo el punto de impacto, que generalmente está muy cerca del centro. Tomo las tablas balísticas que preparé antes y ajusto las torretas para que el próximo disparo impacte en el lugar deseado. Por ejemplo, si mi tabla indica que un centro a 350 metros se logra con un ajuste de 2 3/4 pulgadas a 50 metros por debajo del centro, ajusto las torretas para que impacten en ese lugar.

Disparo y verifico el punto de impacto correcto, coloco el colimador por segunda vez y tomo nota de la posición que indica su retículo. Listo! A partir de allí el conjunto: arma, recarga y mira están listas para usarse en cualquier situación e intercambiarse entre sí sobre una determinada arma. Es suficiente con fijarse en las tres referencias antes citadas para regular las miras sin necesidad de volver nuevamente al polígono a establecer un nuevo ajuste.

 

 

Por supuesto que todo lo expresado en la nota debe ser tenido en cuenta: al llegar al lugar de cacería se debe verificar todo el equipo y disparar -en mi caso empleo tres disparos para establecer el "triángulo de puntería" en forma precisa y efectuar cualquier corrección requerida producida tanto por el movimiento del viaje como por las condiciones climáticas (temperatura, presión, altitud, humedad).

(Según consta en otras notas de mi autoría, y en base a muchas preguntas que recibo sobre las trayectorias reales de los proyectiles aprovecho para aclarar este punto: siempre uso proyectiles cuyas firmas ofrecen la información de su coeficiente balístico real (Sierra, Hornady, Barnes, Nosler), y esto recomiendo para poder hacer cálculos precisos y no gastar 50 tiros sin razón. )

Por último, dos observaciones: los resultados no se pueden extrapolar de una marca de proyectil a otra: no vuela igual un proyectil Sierra que un Hornady, a igual peso, calibre y factor de forma ya que los primeros tienen ojiva tangente y los segundos, ojiva secante. Sus coeficientes balísticos son bastante diferentes. Tampoco se pueden extrapolar los datos obtenidos en un conjunto arma/cartucho al ser aplicados en otra arma, ya que, con toda seguridad sus velocidades serán diferentes, modificando la trayectoria del proyectil.

En síntesis: el colimador permite poner a cero cualquier mira en cualquier arma sin efectuar ningún disparo y, luego, ajustar la mira para el fin deseado con un mínimo de disparos. Al ir a cazar, ofrece un reaseguro invalorable.

 

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