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Marcas de Prueba para Especialistas

-Ficha Histórica-

JUAN MORATTO [ARG]

Este texto complementario fue extraído originalmente de una publicación que data del año 1954: el Noticioso Orbea –elaborado por la famosa fábrica de municiones Orbea de la República Argentina-.

 

La presión que desarrollan los gases producidos por la deflagración de la pólvora en el interior de los caños es muy elevada, alcanzando a cientos de kilogramos por centímetro cuadrado sobre las paredes de los mismos. Es necesario, por lo tanto, que éstos sean lo suficientemente sólidos y construidos con materiales capaces de resistir las enormes presiones generadas. Esto se consigue con paredes muy gruesas o con materiales muy resistentes. En algunos casos intervienen ambos factores. Pero en general ocurre que los caños hechos con aceros pobres, poco resistentes, deben ser más gruesos y por lo tanto más pesados que los que se fabrican con aceros seleccionados, de elevada resistencia y cuidadosa elaboración.

Los usuarios siempre han tratado de adquirir armas livianas por ser éstas —para la caza— más cómodas de llevar. Los armeros y fabricantes, al igual que todo comerciante que trata de satisfacer los deseos de su clientela, han tenido siempre muy en cuenta esta predilección tratando de hacer los caños más livianos, dentro de lo posible, pero llegando algunos, a veces, a excesos peligrosos para la integridad del arma y la seguridad de quien la utilizaba.

La tendencia de aligerar el peso de las armas dotándolas de caños más finos no data de estos tiempos. En el pasado constituía un verdadero problema porque las armas de esa época eran demasiado pesadas. Por otra parte es bueno recordar que ni siquiera los propios armeros tenían un cabal conocimiento de lo que ocurría dentro del caño al producirse la inflamación
de la pólvora, por lo que sus prácticas de fundición estaban reducidas a unas cuantas reglas empíricas.

De la ciencia balística propiamente dicha se tenían las más falsas ideas. Por eso los cañones para armas se hacían de paredes muy gruesas y, a pesar de ello, ya sea por fallas en la elaboración, por defectos del material imposibles de detectar en aquellos tiempos, por errores, desidia en su cuidado, o excesos de los tiradores, a menudo estallaban. 

Aparición de las marcas de prueba 

Debido a los peligros que involucraban las armas con poca resistencia, y a medida que la fabricación de las mismas se iba incrementando en algunas regiones como Lieja, Saint Etienne, Suhl, Brescia, Eibar y otras similares en los distintos países donde se concentraba la producción armera, los artífices que trabajaban en ellas comenzaron a preocuparse por este problema, en el que aparecía comprometida su reputación artesanal.

Ya se había extendido la costumbre de marcar los productos elaborados por los distintos talleres con una señal que individualizaba a su fabricante. De esa manera —para las armas blancas— se hicieron célebres la marca de la hoz de los Marquard, en Toledo y Madrid; la del lobo de Passau, llamada "del perrillo" en España; la del casco, el tridente y muchas otras más. Pero estas marcas, cuando habían logrado cierto renombre, estaban expuestas a la falsificación.

Para evitar que por esta causa se desmerecieran las armas fabricadas en las distintas comarcas, las agrupaciones de armeros primero, y los gobiernos locales más tarde, dispusieron que todo caño que salía de sus talleres o fuera expuesto para la venta, si se trataba de caños importados, debía ser sometido antes a una prueba con una carga mayor que la que habría de usarse comúnmente.

Se dice que la primera ciudad que estableció algo así como una prueba previa, aunque no obligatoria, para probar la resistencia de los caños, fue la de Saint Etienne, en Francia, implementando algo similar a un banco de pruebas durante el reinado de Francisco I, en el primer tercio del siglo XVI. 

En Inglaterra las armas de fuego no habían logrado, por aquella época, despertar mucho interés. Y no era de extrañar ya que la destreza de los arqueros ingleses con sus famosos arcos largos (long bows) les permitía lanzar sus flechas en forma más certera y mucho más rápida de lo que era capaz cualquier tirador provisto de un arma de fuego. Por eso en el año 1607 sólo
había en Londres cinco artesanos que fabricaran caños para armas de fuego; al mejorar su rendimiento las armas y ampliarse su uso aumentó también la importación, lo que dio lugar a una gran competencia de precios y a la introducción de caños baratos, pero de calidad inferior.

Estos se vendían a precios contra los que los armeros locales, celosos de su prestigio, estaban imposibilitados de competir, pero desde luego, elevaban sus voces de protesta indicando que tales caños no ofrecían seguridad. Algunos comerciantes llegaron a vender armas que llevaban estampado el sello de algún taller inexistente de Londres, o simplemente se marcaba "Londres", en diversos idiomas, siendo bastante común esta marca en los caños de las pistolas fabricadas por la firma Londini. 

Para apoyarlos en sus reclamos, el rey Carlos I, en 1631, formó una Comisión de Armeros, que agrupaba a los fabricantes de armas blancas y de armas de fuego, incluyendo también a los de armaduras, picas y tahalíes. Los fabricantes de armas de fuego tenían siete representantes en esta comisión. La misma fue autorizada para revisar y probar las armas y armaduras de las milicias de Londres e insistir en la compostura o el reemplazo de aquellas que fueran encontradas defectuosas. También se estableció que las composturas de armas y armaduras podían efectuarlas solamente los artífices acreditados con una experiencia no menor a los siete años de ejercicio de la profesión. Sus nombres figuraban en un registro a cargo de la Comisión. Al mismo tiempo se prohibió a todo comerciante vender armas cuyos caños carecieran del sello de aprobación de esta Comisión (una A con la corona real) que servía como señal de haberse sometido a la inspección y resultado aprobados por la Comisión o sus agentes autorizados. 

Los fabricantes de armas de fuego de la ciudad de Londres, a su vez, formaron en el año 1637 una sociedad denominada "Master, Wardens & Society of the Mystery of Gunmakers of the City of London", que más tarde se conocería como "Compañía de Armeros". Con fecha 14 de marzo de 1637 esta entidad obtuvo un privilegio real que le acordaba la prueba preliminar de las armas de fuego fabricadas en Londres y en un radio de 10 millas a su alrededor.

De los documentos existentes no resulta muy claro si ya había un banco de pruebas común, o la misma se hacía en los establecimientos particulares. Los miembros de la sociedad podían requisar toda clase de armas y someterlas a la prueba. Una vez aceptadas se las marcaba con las letras V y QP, con una corona real. En 1670, otro privilegio real dejó establecido claramente el derecho de la Compañía para exigir la prueba, pudiendo realizar requisas domiciliarias en busca de armas no examinadas y obligar a sus dueñosa someterlas a la inspección. Se impuso el sellado obligatorio de las armas probadas que consistía en las letras ya indicadas,con la corona real, y que subsisten hasta hoy día.

Proof House de BirminghamComo consecuencia de este privilegio la Compañía estableció un banco de pruebas en Londres. Toda arma que no llevaba el sello podía ser confiscada y en cualquier caso debía ser probada en el banco citado antes de permitirse su venta o uso. En 1813, debido a la guerra con Francia y a las de la independencia sudamericana, aumentó la demanda de armas de fuego, razón por la que se estableció otro banco de pruebas en Birmingham.

Durante muchos años sin embargo, las armas fabricadas y probadas allí, fueron consideradas de inferior calidad a las elaboradas en Londres, las que, dicho sea de paso, aun hoy figuran entre las mejores del mundo. El acta parlamentaria de 1813 estableciendo la fundación del Banco de Pruebas de Birmingham fue evadida a menudo, como sucediera posteriormente con las actas de los años 1815 y 1855.

BirminghamFinalmente, en 1868, los guardianes del Banco de Pruebas de Birmingham aceptaron una reglamentación que quedó en vigor hasta 1925, aunque parcialmente, por la que se establecían penalidades de veinte libras de multa para toda persona que fabricara o vendiera caños no probados en Londres o Birmingham, o que falsificara estas marcas. En caso de insolvencia la multa era sustituida por arresto. Los caños se probaban con cargas de pólvora adecuada a su calibre. 

Características de las pruebas 

El 1ro. de abril de 1888 entró en vigor una nueva reglamentación, aprobada por una comisión formada por las autoridades de ambos bancos de pruebas. Esta introdujo cambios en las cargas a utilizarse, estableciendo una prueba especial para los caños a usarse con pólvora sin humo. En 1896 se ordenó que todas las armas destinadas a ser usadas con pólvora sin humo fueran
probadas con pólvora negra de triple fuerza pudiendo, además, ser sometidas a otras pruebas adicionales a pedido del fabricante.

En 1904 se introdujeron nuevas disposiciones y se cambiaron algunos de los cuños con que se grababan los caños. En 1925 se adoptó una nueva reglamentación, la que se encuentra vigente en la actualidad. 

En Alemania se aprobó, en 1891, una ley de prueba obligatoria para todas las armas de fuego. Establecía para los caños de las escopetas un primer ensayo con una carga de pólvora negra tres veces mayor que la normal y una carga doble de perdigones; para el segundo una carga doble de pólvora y una y un tercio la de perdigones. La primera prueba se aplicaba a los caños sueltos y la segunda al arma completa. 

Las escopetas que en el momento de entrar en vigor la ley ya existían en el comercio y que, por lo tanto no habían sido probadas, debían sellarse con una V con la corona imperial, sin cuyo requisito estaban prohibidos su venta y uso. Pero como las armas selladas de esa manera eran difíciles de vender por manifiesta desconfianza de los posibles compradores, la mayor parte de ellas fueron probadas posteriormente, razón por la que, además de la V con la corona, suelen llevar también una B con corona. Por pedido especial de los interesados las armas podían probarse una sola vez, después de terminadas, lo que solía hacerse con las armas importadas de países cuyas marcas de prueba no habían sido reconocidas. En ese caso se usaba la carga de la primera prueba y se sellaba el arma en los caños y en la báscula con la letra B con la corona. Por ejemplo, las armas nor teamericanas importadas por Alemania están selladas así. 

También se podían probar las escopetas con pólvora nitro. Para este caso, desde el año 1912 se empleaba un cuño con la letra M y la corona, o se grababa la palabra nitro. Además se indicaba la carga normal, la clase de pólvora usada y el peso de la carga de perdigones. Por ejemplo:

 

2,2 g Sch. P

--------------
32 g Blei

 

Esto significaba que el arma estaba destinada a usar una carga normal de 2,2 gramos de pólvora Schultze y 32 gramos de perdigones. En este caso la prueba se había hecho con 4,4 gramos de pólvora Schultze y 42,7 gramos de perdigones.

Otro sello que aparece en algunas oportunidades en armas alemanas que es conveniente conocer, es la R con la corona.


Significa que después de ser debidamente probada el arma, se le ha efectuado una compostura, o que ha sido alterada en alguna parte que afecta al caño, al calibre, a la recámara, a la báscula o al cierre, y por lo tanto ha vuelto a ser probada.

Resultaba de todo esto que las condiciones de prueba a que eran sometidas las armas en Alemania eran mucho más severas que en Lieja, por lo que las marcas belgas no fueron reconocidas en Alemania y los caños de ese origen que se importaban debían ser sometidos a una nueva prueba.


Para evitar estos inconvenientes, los caños destinados a ser exportados a Alemania —y más tarde toda la fabricación belga de caños— fueron sometidos a una prueba adicional (Ley del 11 de julio de 1893) en testimonio de la cual se les aplicaba el cuño LEQ con la adición de una corona. Así sellados fueron admitidos en Alemania sin más requisitos. Las armas con sellos ingleses fueron admitidas en pie de igualdad en Alemania y viceversa.

Marca de Prueba de St. EtienneConsecuentes con las más severas exigencias para las pruebas de los caños ordenados por estas leyes, después del año 1900, varios países europeos fabricantes de armas de fuego promulgaron nuevas reglamentaciones de prueba o reformaron las ya existentes. Se dictaron nuevamente leyes de prueba en Francia (Ley del 15 de julio de 1904), donde funcionan los ban-
cos de prueba de París y Saint Etienne. Sin embargo, a pesar de ser Francia signataria de la Convención de Bruselas, la prueba era aún facultativa en dicho país.


En el imperio austro-húngaro funcionaban desde el 1ro. de enero de 1892 los bancos de prueba de Viena, Ferlach, Praga, Weiper y Budapest. Finalmente, por la Convención Internacional de Bruselas del 15 de julio de 1914, Alemania, Austria-Hungría, Bélgica y Francia reconocieron mutuamente sus respectivas marcas de prueba.

En España, por decreto real del 31 de enero de 1915, se oficializó el Banco de Pruebas de Eibar, cambiándose las marcas de prueba en uso por otras, según decreto real de 1923 y 1929. Algunas de ellas volvieron a ser cambiadas por el gobierno republicano que sucediera a la monarquía, según ley del año 1931, las que continúan en uso hasta la actualidad.

Los bancos de prueba establecidos por el antiguo imperio austro-húngaro en Viena y Ferlach siguieron funcionando después de la disolución del mismo, reemplazándose, en el banco de pruebas de Viena, solamente el número 4 por un 2 en el escudo del águila.

Estas marcas fueron cambiadas durante la ocupación alemana, después de 1940,

volviendo a los cuños originales en 1945.

Las marcas de los bancos de prueba de Praga y Weipert fueron sustituidas en 1931. Las del primero quedaron sin alteraciones durante todo el período que duró la ocupación alemana, pero las de Weipert fueron cambiadas según la ley alemana de 1939.

El banco de pruebas de Budapest cambió sus marcas entre los años 1928 y 1929 y siguió usándolas hasta 1945, careciéndose de datos posteriores sobre alguna
modificación.

En 1920 Italia estableció bancos oficiales de prueba en Brescia y Qardone Val Trompia. Primeramente fue facultativa, pero más tarde se hizo obligatoria.

Armeros de la famosa fábrica GreenerEn julio de 1914 se celebró en Bruselas una Convención Internacional para tratar la unificación de los reglamentos que regían las pruebas de los caños y el reconocimiento recíproco de las marcas de los signatarios.

Debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, las conclusiones alas que se arribó en esta convención fueron ratificadas solamente por Bélgica en 1925, por Francia en 1926 y por Alemania en 1927. España, aunque no firmó la convención, se adhirió en 1923. Italia adoptó todas sus disposiciones en 1928. Lo mismo hicieron, por su parte, Austria y Hungría, también en 1928. Hasta 1933 Checoslovaquia no se había adherido y tampoco Gran Bretaña. Sin embargo Inglaterra, Austria y Alemania, por un convenio de partes, reconocieron sus marcas entre sí.

Posteriormente, el 29 de julio de 1946, Inglaterra revocó este reconocimiento y desde entonces las armas alemanas, austríacas e italianas, al ingresar a Gran Bretaña, eran consideradas sin prueba legal, debiendo ser probadas nuevamente según las leyes de ese país. Desde el 2 de febrero de 1950 esta disposición ha dejado de regir para las marcas italianas, siendo éstas
tratadas como antes de la prohibición.

Las condiciones más importantes para el reconocimiento recíproco de las marcas de prueba para caños de escopeta establecidas por estas convenciones son las siguientes: el empleo, en todos los bancos de prueba de los países firmantes de la Convención, de similares aparatos para la medición de las presiones, uno de los cuales, considerado como modelo, debió depositarse en el Musée des Arts et Métiers, en París.

Los países firmantes convienen en reconocer mutuamente sus marcas de prueba de armas de caños lisos, siempre que la prueba completa de ellas se realice en dos etapas, de las que la primera deberá consistir en una prueba provisoria efectuada durante la fabricación del caño, efectuándose la segunda y definitiva una vez terminada la fabricación del arma, careciendo del empavonado final.

Las pruebas para escopetas pueden dividirse en dos clases, una para aquellas destinadas solamente al uso de pólvora negra, y la otra para las destinadas al uso de pólvora sin humo.

En cada caso deben aplicarse sellos distintos.

Las cargas de prueba para las escopetas destinadas al uso de pólvoras negras deberán desarrollar una presión mínima de 620 kilogramos por centímetro cuadrado para los calibres 12 y 16. Se reconocerán solamente las marcas definitivas de prueba para pólvora negra o pólvora sin humo.

Después de firmadas estas convenciones hubo otras conferencias que introdujeron algunos adelantos de importancia, determinados por el progreso en las nuevas técnicas para la elaboración de los materiales.

 

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